jueves, 5 de diciembre de 2013

Des(a)hogar.

Supongo que más de una vez
he buscado un pretexto,
una excusa
para asomarme a la calle de tus ojos
y comprobar que tenías la cama tan vacía
como yo me sentía.
He forzado encuentros
para comprobar si tu piel aún me recordaba,
si aún odiabas el café,
o si por fin me echabas de menos.
He preguntado a tu cuello
sin tener que abrir la boca
si algunos brazos te abrazaban,
si alguien había descubierto tus piernas
y lo que guardabas entre ellas.

Y ahora me sorprendo
tratando de recordar el color de tu pelo
y cómo me hacía sentir tu olor.
Y tu voz ya no es música,
es simple parloteo,
ruido de fondo que una vez
fue la banda sonora de mi vida.
Me atrevo a decir
que fuimos dos insensatas
tratando de construir una vida conjunta
en un lugar donde sólo cabías tú,
y a mi no me importaba.

Porque nada me parecía más bonito,
más seguro,
más justo,
más poético
que construir mi hogar bajo el hueco de tu cuello.
Y ahora comprendo que,
a tu lado,
siempre fui una sin-techo.