En veintipocos años
he conseguido algunas cosas.
He estudiado lo que amo
y he estado en Londres.
He conocido el amor
y he sufrido el engaño,
he aprendido a querer
y he desaprendido a huir.
He conocido muchos cuerpos,
algunos vestidos,
otros desnudos,
los había que encajaban en mí
y otros a los que me forzaba a querer
(eso sí, para una noche).
He tocado algunas almas
con las manos frías
y los labios calientes.
He besado algún ayer
mientras me escondía del mañana.
He soplado algún café
que me helaba el corazón.
He besado algunos cuellos
que huían de sus recuerdos
creando un mundo de cenizas
que desaparecía en cuanto abría una ventana.
He buscado respuestas que no existen
en vasos con mucho vodka y poca esperanza
y he formulado las preguntas correctas
a las personas equivocadas.
He mantenido una postura firme en cuanto a mi estilo de vida;
las mujeres, que me habían hecho tanto daño
siempre con orden de alejamiento a mi alma
(pocas llegaron a rozarla con la punta de los dedos).
Y un día
tu nariz fría y tus mejillas calientes,
tus besos salados,
tu cuerpo aterrizando sobre el mío,
en simbiosis perfecta
me hicieron replantearme mi vida
y cambiar todos los planes.
Y aunque he conocido a muchas
y he querido a algunas,
aunque he conseguido de la vida
más de lo que había pedido,
puedo decir, sin asomo de duda
que mi mayor logro
en veintipocos años de vida
es haberte cogido de la mano
para andar a tu lado por Barcelona. Nunca delante.
Así que ni Londres, ni cuerpos,
ni bares, ni vasos llenos.
Renuncié a todo lo que conocía
por un suspiro tuyo.
La mejor decisión de mi vida ha sido
despertarme con tu sonrisa.
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