jueves, 5 de diciembre de 2013

Des(a)hogar.

Supongo que más de una vez
he buscado un pretexto,
una excusa
para asomarme a la calle de tus ojos
y comprobar que tenías la cama tan vacía
como yo me sentía.
He forzado encuentros
para comprobar si tu piel aún me recordaba,
si aún odiabas el café,
o si por fin me echabas de menos.
He preguntado a tu cuello
sin tener que abrir la boca
si algunos brazos te abrazaban,
si alguien había descubierto tus piernas
y lo que guardabas entre ellas.

Y ahora me sorprendo
tratando de recordar el color de tu pelo
y cómo me hacía sentir tu olor.
Y tu voz ya no es música,
es simple parloteo,
ruido de fondo que una vez
fue la banda sonora de mi vida.
Me atrevo a decir
que fuimos dos insensatas
tratando de construir una vida conjunta
en un lugar donde sólo cabías tú,
y a mi no me importaba.

Porque nada me parecía más bonito,
más seguro,
más justo,
más poético
que construir mi hogar bajo el hueco de tu cuello.
Y ahora comprendo que,
a tu lado,
siempre fui una sin-techo.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Los logros de una vida (o cómo renunciar a todo por un suspiro)

En veintipocos años
he conseguido algunas cosas.
He estudiado lo que amo
y he estado en Londres.
He conocido el amor
y he sufrido el engaño,
he aprendido a querer
y he desaprendido a huir.
He conocido muchos cuerpos,
algunos vestidos,
otros desnudos,
los había que encajaban en mí
y otros a los que me forzaba a querer
(eso sí, para una noche).

He tocado algunas almas
con las manos frías
y los labios calientes.
He besado algún ayer
mientras me escondía del mañana.
He soplado algún café
que me helaba el corazón.
He besado algunos cuellos
que huían de sus recuerdos
creando un mundo de cenizas
que desaparecía en cuanto abría una ventana.

He buscado respuestas que no existen
en vasos con mucho vodka y poca esperanza
y he formulado las preguntas correctas
a las personas equivocadas.
He mantenido una postura firme en cuanto a mi estilo de vida;
las mujeres, que me habían hecho tanto daño
siempre con orden de alejamiento a mi alma
(pocas llegaron a rozarla con la punta de los dedos).
Y un día
tu nariz fría y tus mejillas calientes,
tus besos salados,
tu cuerpo aterrizando sobre el mío,
en simbiosis perfecta
me hicieron replantearme mi vida
y cambiar todos los planes.

Y aunque he conocido a muchas
y he querido a algunas,
aunque he conseguido de la vida
más de lo que había pedido,
puedo decir, sin asomo de duda
que mi mayor logro
en veintipocos años de vida
es haberte cogido de la mano
para andar a tu lado por Barcelona. Nunca delante.

Así que ni Londres, ni cuerpos,
ni bares, ni vasos llenos.
Renuncié a todo lo que conocía
por un suspiro tuyo.
La mejor decisión de mi vida ha sido
despertarme con tu sonrisa.

martes, 26 de noviembre de 2013

Cómo me gusta despertar y notar tus brazos rodeándome, oír tu respiración acompasada y oler tu piel. Como me gustan estos momentos, en que tu duermes y yo no, y veo media sonrisa en tu rostro relajado. Me gusta seguir el camino por tu cuello y tu clavícula, viendo tu espalda desnuda y contar todas tus pecas. Repasar con los dedos, con suavidad, tu cintura, y notar como te mueves, nerviosa. Ver las marcas de guerra que te dejé la noche anterior y hundir mis dedos en tu pelo. Me gusta ver como abres los ojos y te quedas quieta, muy quieta, mientras deslizo mis labios por tu vientre. La luz de la mañana baña tus piernas, que brillan con luz propia. Qué guapa estás por las mañanas.
Me miras mucho rato, me sostienes la mirada y sonríes, y me besas en la frente. Me desarmas, me desatas, me deshaces, me apasionas. Te incorporas un poco, sujetando tu mejilla en la mano izquierda. La ventana te queda detrás y estás enmarcada por una luz que a mi se me antoja divina. Te muerdes el labio y yo no puedo resistir más; te beso suavemente. Cómo me gusta despertar y que estés ahí, a mi lado. Cómo me gusta despertar y saber que nos pertenecemos. Cómo me gusta despertar a tu lado.